VILLALPANDO - LAGUNAS DE VILLAFÁFILA - VILLARRÍN DE CAMPOS Y TORO
Zamora, ¡no se gana en una hora! y su provincia mucho menos.
La excursión de éste mes era reivindicativa, para dar testimonio a las autoridades locales de que el autocaravanismo es un valor en alza.
Para empezar, la cita en Villalpando fue un éxito, pues tanto los locales como sus autoridades se vieron sorprendidos de lo que nuestro colectivo puede mover.
Acudieron 36 tripulaciones, de varias comunidades y con ganas de descubrir lugares nuevos.
El lugar de la cita era amplio, bien situado y con una estación de servicios bien dotada.
A lo largo de la tarde-noche, fueron llegando todos los autocaravanistas y mientras, se iban reproduciendo los saludos y las presentaciones.
Como a la puesta del sol, por cierto preciosa, la temperatura empezaba a notarse un poco fría, nos reunimos en el restaurante de la estación de servicios, para seguir charlando más relajadamente y sin pasar frío.
Cuando consideramos que éramos un grupo amplio, aunque no estábamos todos, acordamos dar una vuelta por el pueblo para hacernos una pequeña idea de donde estábamos.
Durante el recorrido y por casualidad nos encontramos con Dª. Carmen, la Sra. Alcaldesa; la saludamos, charlamos un ratito y acordamos el programa del día siguiente.
Posteriormente, algunos volvimos al lugar de cita y saludamos a los que habían llegado en nuestra ausencia. Propusimos ir a un restaurante cercano, para cenar y unos pocos hicimos mesa común y disfrutamos de una cena informal y una velada que se prolongó hasta que los dueños del restaurante nos anunciaron que tenían ganas de dormir.
Como estábamos cerca de las autos, nos fuimos observando el firmamento, que estaba majestuoso. Cielo limpio, lleno de estrellas y todas resplandecientes; de vez en cuando, un avión surcaba a gran velocidad, por encima de nuestras cabezas.
La noche era ideal para haberse pasado al raso varias horas, pero estamos en invierno y en Castilla, suelen bajar las temperaturas por debajo de cero.
Contentos y con la satisfacción de haber hecho bien los deberes, nos fuimos a la cama.
El sábado, tan pronto empezó a despuntar el día y con las ganas de hacer unas fotos del lugar y de los "invasores", me di una buena ducha, cogí la digital y a pisar un poco los campos helados.
Las fotos desde distintos sitios, para dar fe del lugar, y cuando aún solo se veía a dos o tres madrugadores y eso que ya eran casi las 9 h. Aún había una hora por medio para que nos pusiéramos en marcha, así que lo mejor era festejarlo con un buen desayuno.
A las 10h. aparecieron las autoridades locales: Alcaldesa, Tte. Alcaldesa y Policía Municipal.
Nos pusimos en marcha, encabezando el Policía Municipal, le seguíamos todos y cerraban la comitiva las Sras.: Alcaldesa y Tte. Alcaldesa.

Recorrimos el pueblo y terminamos en la Plaza Mayor, donde sus autoridades nos invitaron con unos dulces típicos de Villalpando, "los feos", que estaban buenísimos.
Con el compromiso de la Sra. Alcaldesa de crear un área para autocaravanas, la dijimos ¡hasta pronto! y el Policía Municipal, nos escoltó hasta las queserías Campostera, para llevarnos un buen queso de la denominación de origen "quesos de Zamora".
Pasadas las 11H., salíamos hacia la Reserva de las Lagunas de Villafáfila.
Como uno suele hacer caso de los profesionales, a la altura de Tapioles, cogimos rumbo a Cerecinos, para ver si teníamos suerte y podíamos ver algún grupo de avutardas. Pero aunque seguí todas las indicaciones, no vimos ninguna y cuando más tarde lo comente con los forestales, me dijeron que son aves muy esquivas y si percibieron un grupo tan numerosos y además, un tractor labrando cerca de donde suelen posicionarse, "nos dieron esquinazo" y no pudimos verlas.
Dimos media vuelta y nos encaminamos al centro de interpretación, donde nos pusieron un documental explicativo del hábitat que íbamos a visitar.
Posteriormente, recorrimos alguna de sus lagunas, mirando desde los observatorios las aves.
Sobre las 3h. nos fuimos a comer al mesón las Lagunas y cuando estábamos con el café, nos vino a ver la Sra. Alcaldesa y acompañarnos un rato de la sobremesa.
Hablamos de muchas cosas y ¡cómo no!, de la futura área que desde hace un año, me viene prometiendo y que por cuestiones monetarias, aún no está hecha, pero es su compromiso de que en esta legislatura, nos la hará.
Después de comer, visitamos el centro de interpretación de los palomares, dónde nos ilustraron de cómo son, para que sirven y la función que han tenido a lo largo de los tiempos y el que ahora tienen, en estas tierras castellanas.
Cerca de las 7 de la tarde, nos fuimos a Otero de Sariegos, para ver llegar a los gansos.
A la puesta del sol, los ánsares, regresan a las lagunas, desde los campos donde han pasado una parte del día. Vienen en formación y cuando están sobre las lagunas, se deslizan sobre sus aguas y allí pasarán la noche.

Nosotros, después de ver varios bandos, regresamos a Villafáfila, pasando antes por Villarrín de Campos, para visitar una fábrica de prendas de punto.
En Villafáfila, volvimos a dejar las autos, en el lugar que nos había indicado, Dª Susana, la Sra. Alcaldesa. En distintos grupos visitamos bares y restaurantes. Nuestro grupo, nos fuimos al hostal y allí, como la noche anterior, tuvimos una cena-velada muy amena.
La noche, también estrellada y con un cielo nítido, animaba a mirar a las estrellas.
No nos acostamos muy tarde, pero dormimos, como la noche anterior, a las mil maravillas.
El domingo, a las 10,30h, nos pusimos en marcha hacía Toro. La fila, de casi 2 kms., daba gusto verla circulando por la meseta castellana. Entramos en Toro, a una hora ideal, cuando los turistas aún no han empezado a llegar, así pudimos disponer de un sitio privilegiado. No fue producto de la casualidad, pues en el trabajo de campo que tuve que hacer dos días antes para rematar los pormenores del viaje, la Policía Municipal, me puso al corriente, de estos pequeños detalles.

Por eso, cuando preparamos un viaje, nos gusta que los invitados, se atengan a las indicaciones, ya que no lo hacemos por capricho, sino porque antes ha sido tratado con las personas indicadas.
En Toro, con los folletos repartidos, al igual que en los demás lugares visitados, nos dimos una vuelta por los monumentos típicos y aprovechando que nos acompañaba Senia, nos ilustro con las características de cada monumento.
Toro, es una ciudad muy agradable y sus gentes acogedoras, además tiene el aliciente de ser un buen lugar para practicar el tapeo.
Como estábamos cerca de casa, hicimos una comida de despedida con el grupo que habíamos estado durante todo el recorrido y el lugar elegido fue un acierto. El restaurante se llamaba "Alegría", está en la plaza, parte izquierda, mirando al Ayuntamiento.

Una comida variada, bien condimentada y con todos los requisitos de una buena comida casera. El lugar pequeño, coqueto y con un aire que recordaba a los antiguos restaurantes de los años 70. El maître amabilísimo, el camarero eficaz y la cocinera una delicia; los precios muy aceptables.
En Toro finalizó el viaje programado, pero aún nos quedaba regresar a nuestras casas.
Cada cual se fue buscando a sus compañeros de ruta y a media tarde nos habíamos ido todos.
La conclusión ha sido positiva y espero que todo el mundo haya llevado la misma impresión.
Desde Valladolid, a todos, mi agradecimiento y espero que en breve nos volvamos a ver.
Luis.