Día 28 de Enero de 2005, cita en Sepúlveda, para los participantes del Club Autocaravanas Aire Libre Palencia e invitados. Hemos preparado un recorrido por la costa del cordero segoviano.
La provincia de Segovia, tiene unos pueblos preciosos y los autocaravanistas nunca hemos tenido ningún problema para visitarlos. Sus alcaldes son muy receptivos a la idea de crear áreas y aprovechando el tirón, en todas nuestras visitas, les hacemos "proposiciones deshonestas", para que nos creen alguna, y parece que da resultado.
Llegar a Sepúlveda, se puede hacer por muchos sitios, pero los que vamos desde Valladolid, lo hacemos por Cuellar y Cantalejo. Este recorrido es muy bonito, pero en estas fechas y después de la última nevada, los campos están como si se les hubiese espolvoreado con harina. La carretera está muy bien y es autovía hasta el cruce con la de Tudela-Boecillo. Luego se pasa por Arrabal de Portillo y hasta que dejamos Cuellar y cogemos la carretera de Cantalejo, no volvemos a pasar por el centro de ningún pueblo.
En la circunvalación de Cuéllar y unos 500 m. antes de coger la carretera de Cantalejo, se divisa un paisaje extraordinario. La carretera recorre la parte alta del término de Cuéllar y desde esa altura se divisa una extensión enorme de pinos, que hace un bonito contraste con la Castilla parda. En tiempos de nieblas, éste paisaje se transforma en un mar de nubes y da la sensación que uno en vez de ir en coche, parece que va en avión sobrevolando la tierra de pinares. En días claros, la visión abarca una extensión enorme.
Siguiendo nuestro viaje, dejamos atrás Cuellar, de la cual hablaremos en otra ocasión, ahora solo un apunte: Dicen que los famosos encierros nacieron en Cuellar y fueron exportados a otros lugares, como Pamplona, que les dieron fama.
Dirección Cantalejo, pasamos por Hontalbilla, que tiene una buena piscina y que en verano debe dar gusto disfrutar de ella. En Cantalejo, hacemos una parada para reponer las cosas que nos faltan en la despensa y así hacer el viaje más relajado.
Cantalejo, en tiempos fue la capital del trillo, hoy éste instrumento solo se utiliza para la decoración;pero los que peinamos canas, lo pasábamos muy divertido dándonos un paseito en trillo, en la era. ¡¡¡¡Tiempos!!!!
En Cantalejo persiste uno de los oficios artesanos, que están quedando en desuso, el de fabricar botas y pellejos de vino.
También en Cantalejo, se sigue la costumbre de la cría de tencas, como en la mayoría de los humedales de la comarca. Este pescado, es uno de los platos más apreciados de la cocina tradicional.
En este viaje, no visitamos Cantalejo, pero nos esperan para no muy tarde, la Iglesia de San Andrés, la Ermita de Nuestra Señora del Pinar, los Espacios Naturales Hoces del Duratón y Humedales de la Zona Recreativa “El Hoyal”.
Siguiendo el viaje ya unos pocos de Km., llegamos a Sepúlveda, donde nos esperan el grueso del pelotón, en el aparcamiento de poniente, desde donde tenemos una vista preciosa del pueblo. Este aparcamiento, queda un poquillo alejado del centro, por eso decidimos irnos a otro que está por debajo de una estación de servicio de Petronor.
Aunque la carretera está limpia, el aparcamiento tiene una capilla de nieve que a lo largo de la tarde-noche aumenta un poco de espesor, por los copos que caen de vez en cuando.

Situados a levante, la estampa de Sepúlveda desde éste otro aparcamiento, parece un pueblo de esos que se representan en los nacimientos. El pueblo se va elevando desde donde estamos y para acceder al centro, tenemos que subir una cuestecita, que cuando llegamos a la plaza, se nos han quitado todos fríos que traíamos.
Como muchos de los que vamos a hacer la excursión, hace algún tiempo que no nos vemos y otros son nuevos, hacemos las presentaciones de rigor y vamos contando vida y milagros de los últimos tiempos., mientras, nos hacemos ver por los establecimientos del pueblo, donde vamos comprando algunos de los productos típicos.
A media noche llegan los últimos; los saludamos, y quedamos para después de cenar.
Como todos no cabemos en una auto, nos repartimos en dos autos y montamos las tertulias correspondientes, hasta más allá de la una de la madrugada.
Por la mañana, damos otra vueltecita por el pueblo, hacemos unas fotos y compramos las últimas cosas.
En Sepúlveda hay muchas cosas que ver, desde sus iglesias: El Salvador, Santos Justo y Pastor, Virgen de la Peña, San Bartolomé y Santiago; su muralla, su castillo y como no, sus calles y sus paisajes.
Esta vista nos sirve para completar el conocimiento que de ella teníamos, por visitas anteriormente efectuadas.
Salimos hacía Pedraza, en fila india y con las emisoras abiertas en el canal 2, para ir informándonos de lo que vemos y los posibles peligros que podamos encontrarnos en la carretera por el hielo anunciado.
En el recorrido, tenemos que socorrer a un automovilista que por echarse demasiado al arcén, se deslizo a la cuneta y si no es porque yo llevaba un cable, tenemos que sacarlo a pulso, de esta forma, enganchando el cable a la auto, salió sin ningún esfuerzo.
Durante el recorrido, los campos seguían viéndose nevados y las márgenes de los arroyos, estaban heladas, la carretera en alguna curva umbría, también tenía algo de hielo, pero con precaución y sin prisas, llegamos a Pedraza.
Pedraza es una típica villa medieval, con sus murallas, su castillo, sus iglesias, su plaza mayor porticada, sus calles estrechas con palacios y casonas bien cuidadas, como la antigua cárcel y la casa de Pilatos.
Nuestra visita, no es la primera, pero como en todas las que hemos hecho, salimos sorprendidos, por la belleza de éste conjunto, que en 1953 fue declarado histórico-artístico.

Aprovechando la visita, nos entrevistamos con el Sr. Alcalde y después de hablarle de quienes somos, le damos a conocer el proyecto de creación de áreas para autocaravanas, nos escucha atentamente y nos da buenas palabras y nos promete asistir a la próxima que se inaugure. También nos informa que el aparcamiento que está a la izquierda, subiendo al pueblo, podemos utilizarlo sin ningún problema, aunque ésta vez nos ha sido imposible porque estaba con una buena capa de nieve y no quisimos exponernos.
Pedraza, además de fama por su conjunto medieval, ha conseguido destacar por su gastronomía, y en sus restaurantes, se puede dar cuenta de un buen lechazo al horno de leña, regado con un buen tinto.
Nosotros, la comida la teníamos concertada en Santo Tomé del Puerto, donde habíamos fijado la cita para la Asamblea anual del Club, que como todos los años, se resolvió en poco tiempo y sin ningún problema.
Después de la Asamblea y con un poco de hambre, empezamos el banquete, que parecía el de la fiesta mayor del pueblo. Empezaron por unos entremeses calientes, que parecía que nunca se iban a acabar. Luego siguieron con el cordero lechal,el cochinillo a discreción yensalada. Después los postres. Regados con buen tinto y para el final, café, chupitos y cava para el brindis.
La comida fue copiosa y por más que lo intentamos no fuimos capaces de terminarla.

Para hacer la digestión, dimos unos buenos paseos por el pueblo, en compañía del Sr. Alcalde de Santo Tomé y el Tte. Alcalde de Cerezo de Abajo que había venido a visitarnos.
Coincidiendo que entre los invitados a éste viaje estaba el Sr. Presidente de LA PACA, les hicimos las correspondientes propuestas de creación de áreas de servicio para autocaravanas. Les ha gustado la idea y como sitio no les falta, es fácil que no tardando mucho podamos contar con alguna.
En las visitas que hacemos a los pueblos, además de conocer algo de su historia, sus monumentos y sus gentes, procuramos también conocer los productos que fabrican y en Santo Tomé, además de los buenos dulces que fabrican en la confitería, tienen una fabrica de jamones, así que nos llevamos un rico ponche segoviano y un poco de chacina. Total, que el maletero trasero, se puso tan contento, por los buenos olores que despedían el jamón y los chorizos.
Cuando la digestión estaba hecha, reemprendimos el viaje y nos dirigimos a Riaza.
A Riaza llegamos de noche y con bastante frío, aunque bien abrigados, conseguimos despistarlo. Recorremos el pueblo y aunque de noche, con la luz artificial, también tiene su encanto. Su plaza porticada, es utilizada en las fiestas como plaza de toros y es donde terminan los encierros.
La iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora del Manto, se encuentra cerca de la Plaza Mayor, por detrás del Ayuntamiento.
El pueblo está muy cuidado y como se encuentra cerca, la estación de esquí de La Pinilla, tiene un variado surtido de plazas hoteleras y restaurantes.
El Parque del Rasero, dedicado a múltiples actividades deportivas, fue nuestro lugar de pernocta; tranquilo y bien situado, con fuente incorporada, aunque echaba poca agua.
El domingo, por la mañana, nos enteramos que habíamos tenido de madrugada 7 grados bajo cero, pero en las autos, no lo notamos, porque las calefacciones funcionaron bien.
Los madrugadores, fueron a comprar sus churritos y luego se los tomaron con su chocolatito, el resto, lo que teníamos a mano.
Dimos otra vuelta por la villa y luego nos dirigimos a la última etapa del viaje: Ayllón.
Ayllón, es una de esas villas a las que siempre te gusta volver. Es pequeña, bonita y acogedora y para un autocaravanista con muchos sitios donde aparcar y pernoctar.

Una de las veces que he visitado Ayllón, aparqué sin ningún problema en pleno centro de la plaza mayor y hasta me permití coger agua de la fuente que está en la plaza.
Para dormir hay un aparcamiento extramuros, entre el río y la carretera que va a Aranda de Duero; es tranquilo, iluminado y a un paso del centro del pueblo.
La visita al pueblo hay que hacerla sosegadamente, pues es pequeño y se ve pronto, pero conviene recorrer todas sus callejuelas, donde encontraremos: la iglesia románica de San Miguel, el palacio de los Contreras, la Plaza Mayor y el resto de palacios e iglesias. También es importante subir donde están los restos del castillo, que dicen fue de D. Álvaro de Luna. Desde esta altura, la vista es prodigiosa.
El tiempo, soleado, pero frío, invitaba a pasear y en el subir y bajar las pequeñas alturas, nos hacia entrar en calor.
Terminada la visita de Ayllón, decidimos comer en Maderuelo, un pueblo situado en lo alto del embalse de Linares y como el día era soleado hicimos una comida comunitaria, aportando cada cual con lo que tenía en su despensa.
Fue una comida variada, amena y con una sobremesa muy prolongada, haciendo futuros planes de viajes y proyectos para los próximos meses.
Como colofón del viaje, paramos en Aranda de Duero y saboreando un buen café, nos despedimos y cada cual se fue a su lugar de origen.
El viaje resultó interesante, porque volvimos a visitar lugares bonitos; conocimos a gentes y compartimos con amigos, nuestra afición del autocaravanismo.
A todos: socios y amigos, gracias por la compañía y nuestro deseo de verles pronto.
LUIS CUESTA